TÁNGER prólogo

Durante veinte años, entre 1940 y 1960, la ciudad era una zona internacional, refugio de escritores, intelectuales, artistas… zona de juergas y excesos sexuales de millonarios excéntricos, mapa de agentes secretos, zoco de timadores, bolsa de especuladores y estafadores, hotel de los amantes de la buena vida… 


Tánger era como una potente bombilla que atraía a todo tipo de criaturas nocturnas.


Aseguran que Truman Capote dijo que “Ante la Acrópolis, algunos se sienten en estado de sabiduría; ante san Pedro de Roma, otros llegan al estado de gracia; y ante el zoco chico de Tánger, todos se sienten en estado de libertad”. 


Cierta o falsa, la frase es una aproximación al ambiente libre de una ciudad libre y multicultural, donde han convivido sin mezclarse judíos, musulmanes y cristianos. 


Tánger ha sido el pequeño gran oasis de libertad absoluta de artistas, escritores e intelectuales; aunque entendiendo su libertad como un modo de vida fácil y barato. 


Eran los amos: podían conseguir drogas y alcohol sin límite, a bajo precio; podían tener sexo con niños y niñas, por muy poco dinero, sin que nadie les afeara su comportamiento. 


Allí se movían a sus anchas Paul y Jane Bowles, William Burroughs, Jack Kerouac, Truman Capote, Tennessee Williams, Barbara Haton, Jean Genet, Francis Bacon, Brion Gysin, Patricia Highsmith… pese a que provocó algunas crisis de identidad, los distintos grupos sociales disfrutaron de una vida fácil y barata y nunca se interesaron por los problemas de los marroquíes. 


Les eran ajenos a sus intereses intelectuales o emocionales. 

Entre todos aquellos escritores e intelectuales de cultura sajona y lengua inglesa que hicieron de Tánger un mito universal, destaca Paul Bowles que, en 1947, se instaló en la ciudad con su mujer, Jane Auer, luego Jane Bowles, escritora bisexual que acabaría encerrada en un hospital psiquiátrico de Málaga, donde fallecería quince años después de su ingreso. 


Y en Marruecos Bowles ambientó la mayor parte de sus narraciones, a partir de “El cielo protector” (1949). Sus memorias “Without Stopping” (1972) fueron muy impactantes por su crudeza y falta de pudor. Y tradujo por amistad, como si hubiera contraído alguna deuda moral “El pan desnudo” (1973), del hispanista y escritor marroquí Mohamed Chukri, un relato biográfico durísimo de su vida: la obra estuvo prohibida hasta el año 2000, por sus descripciones de prostitución infantil, por mostrar el odio de su padre, un alcohólico violento, hacia su familia, por narrar los abusos sexuales que sufrió… 

Chukri, dotado de un extraordinario talento natural, tradujo al árabe a Gustavo Adolfo Bécquer, Antonio y Manuel Machado, Vicente Aleixandre, García Lorca. 


En Tánger también se enseñoreaba la glamurosa “Gay Society”, con entera libertad, sin disimulos, disfrutando de sexo barato con menores, con sus grandes nombres: Visconti, Tennesee Williams, Truman Capote… 


También pasaron por la ciudad destacados miembros de la Generación Beat: William Burrough, Allen Ginsberg, Jack Keruac… adictos a las drogas, especialmente el “majoun” marroquí. 


Artísticamente Delacroix convirtió la ciudad en parada obligatoria para los pintores que buscaban luz y colores. 


No faltaron españoles, como Mariano Fortuny, autor de “Zoco de Tánger”, que se conserva en la Hispanic Society of America (NuevaYork); ni impresionistas franceses, como Matisse, que siempre se hospedaba en el Hotel Villa de France. También se acercó el pintor californiano Richard Diebenkon. La luz y el color de la ciudad han sido siempre irresistibles. 


El fin del estatus especial de Tánger finalizó en 1956, con la independencia de Marruecos. 


Francia devuelve los territorios ocupados a Marruecos y Tánger iniciará un proceso de anexión que culminará el 18 de abril de 1960. 


Sorprendentemente un año después, en 1961, se edifica la catedral de Tánger: quería simbolizar la presencia de la España franquista en el norte de África y de la misión católica franciscana. 



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